martes, 20 de mayo de 2008

Antes de que él llegara nunca habia probado leche tan agria y espesa. Era un placer verme obligada a terminar con ella a cucharadas y atragantarme mientras sonreía satisfecho de verme sufrir. Entendia todo de mí, prometió lo imprometible, regaló todo su ser, y lo unico que recuerdo es ese sabor indescriptible en mi lengua, en mi garganta, alrededor de mi campanilla tentandome a vomitar. Maldita quien no sepa valorar el amargor de sus corridas en el futuro. Sueño con ellas, repetidas por millares en todo mi cuerpo, clones y clones y clones de su polla chorreando sobre mi cara.

1 comentario:

Dylan Forrester dijo...

Pero y dónde estás tú,mujer?

Besos...